Publicado por Lucila
25 mayo, 2014

Historia

Historia antigua:

Aunque no se conocen muchos detalles sobre la historia antigua de Omaña, la presencia humana parece remontarse por lo menos hasta la Edad del Bronce, a juzgar por los hallazgos arqueológicos de la comarca, entre los que se encuentran el caldero de Villaceid, el ídolo de Rodicol y varias hachas de bronce. Los castros son numerosos en la zona. La cultura castreña se asocia a los astures, aunque muchos fueron utilizados durante la ocupación romana como bases para organizar la intensa explotación minera de la zona que tuvo lugar en esta época. Como testimonio de la explotación aurífera quedan indicios de canales en Valdesamario y el Valle Gordo, desmontes de tierra y arenas removidas en la Garandilla, Guisatecha, y Barrio de la Puente y restos de dos ramales de la Rodera Asturiana, uno que pasaba por Ponjos y Rosales y otro que transcurría por la Garandilla, Inicio, Castro, y Riello.

 

Edad Media:

No hay datos específicos sobre Omaña durante el periodo comprendido entre el fin del dominio romano y el siglo IX. En general, el área montañosa cantábrica, sin núcleos de población importantes, quedó fuera de las luchas por el poder de los pueblos godos y evolucionó hacia una organización económica y social autárquica. Cabe suponer una emigración desde la llanuras alrededor de las ciudades y villas, regularmente sometidas a invasiones y saqueos, hacia las zonas montañosas y una ocupación continua o reocupación de los antiguos castros, pero no existen datos que lo confirmen inequívocamente.

La ausencia de centros de población importantes que pudieran servir de base para la dominación efectiva de la población, junto con la presencia de estructuras defensivas antiguas, se ha avanzado como explicación de la resistencia de esta zona al dominio musulmán. En cualquier caso, esta circunstancia fue clave para la defensa del nuevo Reino de Asturias y la consiguiente conquista de los territorios de la cuenca del Duero. A partir de esta época empezaron a hacerse referencias a las poblaciones actuales de Omaña, como Vega de Arenza (Vegarienza), Murias de Paredes y Ameo Amío) ya en el siglo IX. También se nombra a los ríos Omania o Ommania y Samario. El nombre Tierra de Omania aparece en documentos de 1154.

 

El señorío de los Condes de Luna:

Hasta el siglo XII los pobladores de la montaña eran esencialmente libres, respondiendo solo ante el rey. Esta situación cambió a medida que el poder real se debilitaba frente a la nobleza emergente, la cual intentó imponer su dominio sobre los concejos. Estos últimos consiguieron una victoria inicial en el siglo XIII, al otorgar  Alfonso X el Sabio fueros que confirmaban a Omaña, —compuesta entonces por los concejos de Paredes, Traversales, La Lomba de Campestedo y Omaña—Luna,Babia, Laciana y otros como dependientes tan solo del poder real. Aunque monarcas posteriores otorgaron el gobierno de estos territorio a varios señores —por ejemplo, Alfonso XI se lo concedió a su hijo bastardo, luego Enrique II, el cual se lo cedió a Ruy Pérez Ponce—, los concejos seguían disfrutando de ciertos privilegios y autonomía jurídica, hasta que el primer conde de Luna, Don Diego Fernández de Quiñones se apoderó de ellos por la fuerza.

El conde de Luna impuso prestaciones abusivas a los vecinos, incluyendo el pago del «pan del cuarto» consistente en la cuarta parte del grano producido por los campos cultivados. Los concejos omañeses de Traversales, la Lomba de Campestedo y Omaña —al que se había incorporado por aquel entonces Paredes— iniciaron una serie de pleitos que acabaron en 1526 mediante una sentencia de la Chancillería de Valladolid confirmando el señorío de los Condes de Luna, pero rebajando el fuero concedido a estos a 10 maravedíes y medio por vecino. El concejo de Villamor de Riello, que no participó en los pleitos, siguió pagando el pan del cuarto; este derivó al paso del tiempo en un pago fijo de ciento cuatro cargas de centeno repartidas entre los pueblos integrantes del concejo. En el siglo XIX el resto de los municipios de Omaña quedaron libres de toda prestación a los condes de Luna, excepto en el caso de Villamor: la casa de Luna logró vender sus derechos a particulares, los cuales inscribieron el gravamen en el registro de propiedad de Murias de Paredes en 1914 sin que los titulares fueran informados, en infracción de las leyes vigentes. En 1931, durante la Segunda República,  las Cortes constituyentes anularon este último vestigio del feudalismo gracias a intervención del notario Vicente Flórez de Quiñones.

 

Siglos XIX y XX:

Los cambios políticos del siglo XIX tuvieron poco impacto en Omaña, aparte de las sucesivas recomposiciones de sus concejos, agrupados ya a mitad del siglo en municipios; estos ajustes en la administración territorial fueron a veces criticados como inútiles y poco respetuosos con los usos tradicionales. Ninguna administración logró implementar políticas positivas para la comarca, que empezó a encontrarse cada vez más marginalizada. Esta situación condujo a la paulatina despoblación del territorio por la emigración a partir del principio del siglo XX; la emigración se aceleró en la segunda mitad del mismo siglo, sobre todo a partir de la implantación del Plan de Estabilización de 1959, que agudizó el contraste entre el modo de vida de Omaña, en muchos respectos similar al de varios siglos atrás, y la progresiva prosperidad de otras regiones españolas. No fue hasta la declaración como «Comarca de Acción Especial» en el Real Decreto 3418 del 29 de diciembre de 1978, que se hizo un esfuerzo para mejorar las infraestructuras, medidas que sin embargo llegaron tarde para frenar el proceso de despoblación.

 

 

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