Publicado por Lucila
25 mayo, 2014

Cultura

Muchas de las costumbres típical de la Omañuela se han ido perdiendo por la despoblación y envejecimiento de la población. Un acontecimiento de renombre es la romería a la santuario de Pandorado el 15 de agosto, que incluye una procesión en la que participan los pendones de todos los pueblos de Omaña.Esta es la única romería al santuario que aún perdura de las cuatro que tenían lugar hasta la segunda mitad del siglo XX.Otra costumbre de mención consiste en el uso de zancas para vadear el río, lo que era necesario cuando las riadas se llevaban el antiguo puente de tapines de hierba. Esta costumbre se incluye como actividad lúdica en una ruta guiada de la ribera del Omaña.Los vecinos construían las zancas con ramas de negrillo, con el asiento para el pie construido con una vara flexible de sauce.

  • Lengua: La lengua tradicional de Omaña es el leonés (dialecto occidental), aunque en situación de diglosia frente al castellano. A partir del siglo XX, esta última lengua se empezó a imponer en el lenguaje hablado y a principios del siglo XXI el uso del leonés es minoritario y relegado principalmente al uso familiar, aunque ha dejado una clara influencia en la variante del castellano en uso en la zona.

Ante la amenaza que pesa sobre la lengua autóctona, ha habido varios esfuerzos para estudiar sus rasgos distintivos y recopilar el vocabulario propio de la comarca. El fraile agustino César Morán Bardón fue uno de los primeros estudiosos que documentó ejemplos del habla tradicional y realizó una recopilación de vocabulario seguida por otras realizadas por diversos autores. Entre los esfuerzos más recientes para preservar el habla tradicional, cabe destacar el de Margarita Álvarez Rodríguez quien en 2010 publicó un completo estudio de los rasgos fonéticos, morfológicos y del vocabulario propios de Valdesamario.

  • Arquitectura: La arquitectura tradicional omañesa se basa en la piedra y la madera como materiales preferidos de construcción. Las casa suelen ser de planta rectangular, con cubiertas inclinadas, como es habitual en un clima donde las nevadas son abundantes. Tradicionalmente les techos se recubrían con cuelmos (manojos de paja) proveniente de las cosechas de centeno. El techado de paja (teito) constituye un buen aislante térmico, aunque se deteriora con el tiempo y debe ser reparado regularmente, llegando a durar un máximo de hasta 20 años. El uso de “llares” con fuegos abiertos para cocinar conllevaba un riesgo importante de incendio y en ocasiones llegaban a arder barrios o pueblos enteros. El abandono del cultivo del centeno y la despoblación han hecho desaparecer poco a poco las cubiertas de cuelmo, que ha sido sustituidos por teja o pizzarra, en edificios auxiliares simplemente recubiertas con uralita. La madera utilizada en la construcción era de roble, abedul o chopo. Aunque el estilo de las viviendas y otras construcciones es funcional y a menudo rústico, se observan muchos ejemplos de elementos decorativos, sobre todo en los cercos de ventanas y vanos y el encalado de las paredes. Hay bastantes ejemplos de fachadas decoradas con blasones familiares, en diversos estados de conservación. Otro elemento arquitectónico a destacar son los corredores o “curridores”, bien abiertos o cerrados por cristaleras, siendo estos últimos más raros.

Las casas, de uno o dos pisos suelen distribuirse alrededor de un corral interior. La vivienda tradicional contaba al menos con dos piezas: la cocina y el cuarto; en la cocina se encontraba el hogar o “llar” situado en el centro o adosado a una pared, y el horno para amasar pan. Las construcciones más primitivas no tenían chimenea, y el humo se disipaba a través de los huecos del techado. Posteriormente se empezaron a construir en losa y, más tarde, en ladrillo. Los establos corte (corral) y otras estancias para los animales se situaban a veces bajo las habitaciones de la vivienda, para proporcionar calor a estas. El pajar se encontraba en el piso superior, aunque a menudo se dedicaba a este fin una construcción separada de la vivienda, para aminorar el riesgo de incendios.

El edificio más destacado en las poblaciones omañesas suele ser la iglesia. Además de celebrarse en ellas los servicios religiosos, las reuniones del concejo solían tener lugar en sus pórticos. Muchas están en buen estado de conservación. Los campanarios son enm espadaña, con una o dos campanas, a medudo de tamaño diferente, las cuales se utilizaban para diferentes avisos dependiendo de la secuencia y el ritmo de las campanadas. A pesar de la sencillez de su exterior, los interiores están decorados con hermosos retablos,  altares y tallas; estas últimas datan en ocasiones de la Edad Media.

Los edificios de la Omañuela, en diversos estados de conservación, son ejemplos característicos de de la arquitectura tradicional omañesa. Destacan la iglesia de San Salvador y el santuario de Pandorado, a 1,7 km del pueblo. El santuario actual data del siglo XVII, aunque se piensa que está construido sobre una edificación más antigua. De acuerdo a la leyenda, el edificio se encuentra en el lugar donde un pastor de la Omañuela encontró una talla de la virgen. El pastor llevó la imagen a la iglesia del pueblo, pero al día siguiente volvió a encontrarla en el mismo paraje, lo que se interpretó como un signo de que se le debía construir un santuario en aquella ubicación. El interior de la ermita cuenta con un retablo de estilo barroco de Álvaro Diez Canseco, inaugurado en 1728. Al retablo le faltan varios adornos, posiblemente vendidos ilegalmente.

  • Leyendas:  Muchas de las leyendas de Omaña se refieren a apariciones o milagros de la Virgen y santos, o tienen su origen en hechos históricos, más o menos mitificados. El milagro de la Virgen de Pandorado es un ejemplo del primer tipo. Entre las leyendas del segundo tipo, la más notable es la leyenda de Don Ares de Omaña, asesinado por su tío Pedro Suárez de Quiñones (Conde de Luna). El primero se convirtió en un símbolo de la resistencia omañesa frente a los Quiñones, pasando a ser el sujeto de numerosas coplas, romances e historias. Otras leyendas tratan sobre Santiago Apóstol persiguiendo a los musulmanes en las batallas que habrían tenido lugar contra estos en la comarca.

También hay numerosas leyendas de origen más incierto; estas historias versan sobre tesoros escondidos en el interior de la montaña (por ejemplo, los lingotes de oro del Suspirán), en las fuentes, o en el fondo de los lagos, así como sobre proezas o encantamientos realizados por moros.

El milagro de la Virgen de Pandorado: Enfrentados a la pérdida de la cosecha por causa de una sequía, los habitantes de La Lomba hicieron una rogativa a la Virgen, la cual respondió con una lluvia milagrosa; en gratitud, las gentes de los lugares empezaron a acudir cada año al santuario de la Virgen, desde entonces llamada la Virgen de Pandorado, por el color de los campos al madurar las espigas.

 

Comentarios cerrados.